“respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”. Lucas 3:16
EL fuego sobrenatural de Dios tiene muchas características que quisiera mencionar para que entendamos la importancia de estar sumergidos en Él. Estas características son las siguientes:
El fuego del Espíritu consume: Consumir es el acto de extinguir o destruir una materia. Hay tres cosas primordiales que el Espíritu Santo quiere consumir en nuestras vidas. Primero, la carne. Segundo, el ego o nuestro yo. Tercero, toda forma viciada y vieja de pensar. En la carne están los deseos pecaminosos, en el ego esta la arrogancia y el orgullo, y en la vieja manera de pensar (viciada) esta una mente reprobada y corrupta. Cuando el Espíritu De Dios se manifiesta comienza consumir estas tres “materias”, si pudiéramos decirlo asi.
El fuego del Espíritu prueba: La imagen que podemos traer para explicar esto, es la imagen del oro frente al fuego. Proverbios 27:21 dice que el fuego prueba la pureza del oro y la plata. Cuando ponemos fuego en el oro, todo otro metal, barro o corrupción que hay en él se consume probando el nivel de pureza del oro. De esta manera, muchas veces el Espíritu de Dios se manifiesta probando el nivel de pureza y fe que tenemos, consumiendo toda corrupción y sacando a la luz lo que necesitamos arrancar de nosotros y despojarnos.
El fuego del Espíritu purifica: la purificación es el acto de haber consumido la iniquidad, el ego, la carne y los malos pensamientos, y haber pasado la prueba después de una manifestación sobrenatural del Espíritu Santo. Entre mas comunión tenemos con el Espíritu Santo, más pureza hay en nosotros. Cuando el Espíritu de Dios se manifiesta quema toda impureza.
El fuego del Espíritu se mueve: el fuego en su naturaleza produce llamas, y esas llamas (flama) se mueven, no son estáticas. Cuando el Espíritu Santo se manifiesta, primero se mueve en nosotros y luego nos mueve a nosotros. En la Iglesia hay un fenómeno de inmadurez terrible. Encontramos personas que hay que estar rogándoles para que hagan la obra que Dios les mandó hacer. Y muchas de estas actitudes se deben a la falta de manifestación del Espíritu Santo sobre sus vidas. Una Iglesia lejos del Espíritu Santo es una Iglesia inmóvil, incompetente y estática. Mas cuando el Espíritu de Dios se manifiesta, ya no hay que estar empujando ni cargando a nadie porque el mismo Espíritu guía a su pueblo a toda verdad.
El fuego del Espíritu hace arder: cuando hablamos de “arder”, estamos hablando de pasión. En el momento que somos sumergidos en el Espíritu Santo y fuego, somos bautizados en su pasión por él. Un hombre o una mujer que arden por su presencia y su palabra, son personas apasionados ya que están ardiendo. La Biblia dice que Dios hace a sus ministros como llama de Fuego (Hebreos 1:7). También habla del sumo sacerdote Josué como un tizón arrebatado del incendio (Zacarías 3:2). Cuando el Espíritu de Dios se manifiesta en nosotros nos hace arder, convirtiéndonos en llamas de fuego o tizones encendidos para Dios. Lo grande aquí es, que uno encendido puedo encender a toda una ciudad para el reino de Dios.
El fuego del Espíritu quema: quemar es el acto de abrasar o consumir con fuego. En este aspecto quisiera hacer énfasis de las enfermedades, las dolencias y las heridas del alma. El Espíritu de Dios es nuestro sanado y libertador. Cuando él se manifiesta, quema destruyendo toda enfermedad, dolencia, patologías, achaque, indisposición, malestares, etc.
El fuego del Espíritu seduce: la seducción del Espíritu es el acto de acapararte para que tu no abandones la obra por los problemas. No es seducción al pecado, sino el de permanecer en la voluntad de Dios. Traemos el caso del profeta Jeremías, cuando quizo renunciar a su trabajo de profeta y Dios lo seduce siendo mas fuerte que él y metiendo fuego en su corazón, que llegó hasta sus huesos. Por esta razón cuando el Espíritu de Dios se manifiesta produce un cese del desánimo, el deseo de abandono, depresión, derrotismo, pereza, desmayo, desfallecimiento, abatimiento, etc. Dios no nos ha dado Espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. Su seducción nos llena de denuedo, dándonos la capacidad de seguir avanzando en medio de los procesos que se nos presenta.
El fuego del Espíritu produce denuedo: el denuedo es necesario en este tiempo de crisis que enfrenta el mundo. Donde no hay denuedo del Espíritu, hay temor al hombre, y el miedo paraliza produciendo inacción en la obra de Dios. Por esta razón la llanura del Espíritu Santo es crucial, ya que nos da el valor sobrenatural para poder seguir predicando su palabra y avanzando su reino poderosamente en las naciones.
“Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. Hechos 4:31
Dios te bendiga.
Miler Montoya
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