El poder de dejarlo ir (perdón)

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. Mateo 6:1415

El perdón es el antídoto por excelencia. Veamos las palabras de Jesús y observemos con detalles qué es lo que tenemos que hacer con las ofensas. ¿Qué tenemos que hacer con las ofensas? Las ofensas de los hombres deben de ser perdonadas. Sí, tenemos que perdonarlas. Suena fuerte, pero Dios nos perdonará en la medida que aprendamos a perdonar las ofensas de los que nos han herido. Si nosotros no perdonamos a los hombres sus ofensas, el Padre tampoco perdonará nuestras ofensas. Esto no es una injusticia, ya que muchos pudieran pensar que la persona que le hirió, le hizo tanto daño que no merece perdón. A la verdad, nadie merece el perdón de Dios, mas Dios nos amó perdonándonos todos nuestros pecados. También debemos de recordar que los hombres podrán escapar de la justicia humana, mas nunca de la justicia divina. Al decir que una persona no merece el perdón puede que estemos tomando una posición de juez, mas Dios es quien va juzgar a todos conforme a su propia justicia.

Del otro lado de la moneda, no hay sanidad, si no hay perdón. El perdón no es para la persona que te hizo daño, el perdón es para ti mismo. Cuando nosotros perdonamos, somos nosotros quienes recibimos el mayor beneficio. Las ofensas son como el cuchillo que abre la herida, mas el perdón es como la venda que la cierra.

Todos ofendemos y somos ofendidos, así que necesitamos que nos perdonen y también necesitamos pedir perdón. Quisiera destacar algunos puntos importantes acerca del perdón para poder ejercerlo:

  • El perdón es un acto de fe y no sentimiento.
  • El perdón muchas veces no borra las memorias pero si quita el efecto negativo que tiene en contra de nosotros.
  • Cuando tu perdonas dejas ir la persona que te hirió en tu corazón.
  • Hay cosas que nunca se olvidarán, pero sí se sanarán a través del perdón.
  • Debemos de aprender a perdonar sin esperar un cambio en la persona que estamos perdonando. Al final, Dios es quien cambia y no nosotros. En el perdón hay poder y debe de ser ejercitado para la sanidad del corazón herido. Sin perdón, ningún matrimonio, familia o relación sobreviviría. Las ofensas son como el pan diario, así que el perdón debe ser el antídoto diario. Las cicatrices son las marcas de la heridas, que a lo mejor no se borran, pero que ya no duelen.

A veces en el matrimonio nos atrincheramos por no ver el cambio deseados en nuestra pareja. Y decimos frases tales como: ¡Siempre lo mismo! ¡Él nunca…! ¡Ella Siempre..! Él todo…! ¡A cada rato! Estas son frases que manifiestan una frustración por ofensas repetidas donde las personas manifiestan poco cambio. Nosotros no debemos esperar que otros cambien para aceptarlos y perdonarlos. El perdón de Dios para nosotros fue antes que dijéramos sí o no a Él. Antes de responder a su llamado, ya Dios nos había perdonado.

El caso del José el Soñador

No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos. Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón”. Genesis 45:12

La vida de José es un gran ejemplo de cómo Dios puede sanar la herida emocional que se tiene en el corazón. Dios le dio un sueño al joven José y ese sueño le causó el celo, la envidia y el rechazo de sus hermanos. Muchas veces las heridas más grandes de una persona se dan dentro del marco familiar. De la gente que estaba supuesta a apoyarte y cuidarte, son las que mas daño te hacen. José fue vendido como esclavo y los hermanos mintieron a su padre y le dieron por muerto. Luego de esto, llegó a la casa de Potifar y estando ahí, la mujer de Potifar quizo acostarse con José íntimamente. José se mantuvo en su integridad, la mujer se asió de sus ropas y José salió desnudo. La mujer comenzó a gritar y lo acusó falsamente de él que había tratado de violarla. Por esta mentira y engaño fue a parar en la cárcel. Estando en la cárcel fue olvidado por uno que José le había interpretado un sueño. ¿Quién pudiera aguantar tanto rechazo, traición y olvido? A veces nos pudiéramos preguntar si lo que pasamos tiene que ver con el plan de Dios. Muchas veces, Dios espera que toquemos fondo antes de elevarnos al punto más alto. La confianza y la fe en Dios tiene que ir mas allá de que si la vida que estoy viviendo tiene sentido o no.

Estando José preso, olvidado y con tanto resentimiento acumulado, Dios se acordó de él y del sueño que Él tenía para José. Las heridas para muchos, serán las marcas que comprueben que estamos listos para el cumplimiento del sueño de Dios. El Faraón tuvo un sueño y José por revelación de Dios interpretó ese sueño. Por causa de esta revelación se convirtió en padre de Faraón y en el administrador de todos los bienes de la nación más poderosa del mundo. Cuando Dios tiene algo para ti, nadie te lo puede quitar. Aunque traten de matarte, señalarte y rechazarte. Dios se va a manifestar a favor de tu vida.

Estando en esa posición, los hermanos llegaron a Egipto por causa de la necesidad y es ahí donde ocurre el gran encuentro. Esta historia es todo un drama, pero marca unos principios poderosos a cerca del perdón para la sanidad de la herida emocional. Cuando llegó el momento en que José pudo vengarse fácilmente de todo el mal que le habían hecho sus hermanos, José decidió perdonarlos. José entendió, que Dios usó ese rechazo para llevarlo a su destino profético. Es aquí cuando las cosas comienzan a cobrar sentido y las piezas comienzan a ponerse en el lugar que les corresponde. Cada herida tiene un propósito aunque halla sido hecha por gente que amas. José se dio a conocer a sus hermanos y comenzaron a gritar aquel día porque ya no pudo contenerse. Estos, eran gritos de liberación y sanidad interior. Muchos deben de pasar por esta terapia, que funciona como válvula de escape a todo el resentimiento acumulado. José no se vengó, simplemente lloró abrazado con sus hermanos y ahí fue sanado. El perdón nace cuando tienes la oportunidad de vengarte de la persona que te hizo daño y no lo haces, sino que lloras con ella y le puedes abrazar para sanidad de ambos.

De esta forma se sanan las heridas emocionales del alma, por mas fuerte que sean. Cuando se perdona, se deja pasar la ofensa, se desata la persona que hizo el daño en nuestro corazón y comienza una sanidad poderosa.

Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.

Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale. Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe”. Lucas 17:3-5

Este segmento ha sido tomado del libro: ¿Cómo sanar la herida del corazon? por el pastor Miler Montoya.

Bendiciones

Miler Montoya

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