“Vemos el reino invisible, recibimos ese reino invencible y lo manifestamos”. Miler Montoya
“Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí”. Juan 18:33-36
En esta ocasión quisiera resaltar tres detalles importantes acerca del reino de Dios, basado en la respuesta de Jesús a Pilato. Estos tres elementos son los siguientes:
1. Lo Invisible del reino
2. Lo Invencible del reino
3. Un reino Manifestable
INVISIBILIDAD
Pilato pudo presentir algo, pero nunca pudo entender a quién tenía al frente. La pregunta que le hace a Jesús ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús se la contesta con una afirmación negativa de lo que no era su reino. Antes de saber lo que es, primero se debe de entender lo que no es. ¡Mi reino no es de este mundo! “En otras palabras, tengo un reino, soy Rey, pero no conforme a lo que tú conoces como reino”.
El nombre de Pilato significa “uno armado con una lanza”: representa un sistema corrupto que vende sus valores con tal de adquirir una beneficio personal. Más al que tenía al frente estaba operando de una manera diferente. “Estaba dando todo por beneficios de todos”.
Cristo en este momento fue visto como un prisionero y aunque la palabra tenía que cumplirse, era un Rey invisible al mundo. Su apariencia no llenaba los estándares mundanos y para accesar a él tenía que ser por revelación. Algo que venimos deciendo de hace años. ¡Mi reino no es de este mundo! Por eso muchos no lo pueden ver. Por eso muchos no lo perciben, porque se ha de discernir con sentidos espirituales.
“Como es posible que eres Rey, y estás a punto de ser sentenciado”. Lo que Pilato no sabía es que al que él está enjuiciando un día lo verá como Juez. Dios, invisible, se hizo hombre visible, para pagar la condena del hombre y rescatarlo de la muerte. La forma que vino era extraordinaria y como se hizo siervo, no fue percibido como Rey.
En ese momento Jesús estaba pelando una batalla espiritual que iba a ganar a nivel terrenal. El vino de otro mundo, para manifestar su reino a este mundo y así conquistar al hombre para su reino de otro mundo. Ciertamente en el reino se pelea de otra forma. Y aunque no veamos algo con nuestros ojos, no quiere decir que no existe.
De la misma forma, la invisibilidad del reino lo hace un misterio. Un misterio es aquello que es real pero está bajo un manto. Encubierto y tapado de los ojos naturales o el entendiendo de las personas. Un misterio, para accesar a él requiere de revelación ó el rompimiento de los códigos necesarios. Jesús dijo lo siguiente:
“Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas”. Marcos 4:11
El que su reino no sea de este mundo, lo hace un reino del Espíritu por naturaleza. Para accesar a él se requiere estar encendido en el espíritu para que ocurra una conexión de espíritu a espíritu. Jesús dijo que a nosotros se nos dio el privilegio de conocer los misterios del reino. Lo que es invisible para otros, a nosotros que hemos nacido de nuevo en el Espíritu se nos dio el privilegio de conocerlo.
Esto es sumamente impresionante. Ya que podemos accesar sólo a lo que vemos. Y si accesamos, podemos experimentarlo o vivirlo. Por ejemplo, si yo veo su promesa bajo la revelación del Espíritu, puedo abrazarla, experimentarla y vivirla. El reino fue escondido, no de nosotros sino para nosotros:
Jesús le dijo a Nicodemo:
Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Juan 3:3
Y después le dijo:
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Juan 3:5
No hay algo más poderoso, sino en ser elevados a la dimensión del Espíritu a través de una revelación divina. El nacer de nuevo es un asunto espiritual invisible pero real. Al nacer se activa la naturaleza de Dios Espíritu en nuestras vidas, dándonos la capacidad de ver y luego entrar en el reino del Cristo.
INVENCIBLE
Jesus le dejó claro a Pilato, “Si mi reino fuera de este mundo mis servidores pelearían”. En otras palabras, tengo servidores y estos servidores pelean por mi. Nuestro Dios es el Señor de los ejércitos. Y la autoridad que tenía Pilato, se la había dando el mismo reino de Dios. Jesús no estaba allí por obligación, sino porque puso su vida voluntariamente por el rescate de todos nosotros.
Jesús le dejó claro la superioridad de su reino, invencible y eterno. Muchos creen que porque tienen autoridad humana están por encima del reino de Dios. No entienden que toda autoridad es dada por Dios. El reino de Dios jamás podrá ser destruido. Este es un detalle que corre en nuestro ADN y debe de implantarse como pensamiento gobernante en nuestra mente.
Hay cosas que parecieran que dictaran derrota en nuestras vidas pero realmente es la forma como se gana en el reino. El dijo: “ama a tu enemigo, perdona, pon la otra mejilla, ve la milla extra, etc.”. Para el mundo esto es dejarse ganar y sentirse derrotado. Más entendemos que para lo que somos del reino de Dios, jamás podemos ser destruidos. Derribados, más no destruidos. Ya que hemos recibido un reino inconmovible.
Por eso, cuando muchos vieron un fracaso y una derrota aplastante en un Cristo abofeteado, encarnecido, maltratado, ensangrentando, ultrajoso y aborrecido, el Padre vio un nombre que es sobre todo nombre. El Padre vio toda potestad entregada al Hijo y a una Iglesia triunfante llena de la gloria de Dios. ¡La forma como se hace la guerra en el reino es diferente! El mundo no tiene la última palabra, la última palabra la tiene el Rey de reyes, y Señor de señores.
“Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. 2 Pedro 1:11
MANIFESTABLE
Ese reino invisible, pero real, superior en majesta, poder y gloria, puede ser manifestado en nuestro mundo. Comenzando desde Cristo, la manifestación visible de un reino invisible. Debemos creer que de la misma forma hoy puede manifestarse en nosotros.
Su reino es superior. Su reino no es de este mundo. Su reino opera de un mundo diferente. ¡Pero su reino puede ser manifestado en nuestro mundo! Ya se manifestó, se sigue manifestando y se seguirá manifestando. Jesús dijo terminando la frase a Pilato: “…pero mi reino no es de aquí”. Más cuando inició su ministerio dijo: ¡MI REINO ESTÁ AQUÍ! Entendamos esta realidad, no es de aquí pero está aquí. ¡Fuerte!
“ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros”. Lucas 17:21
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 4:17
No es de aquí pero se puede manifestar aquí. Esto incluye su poder, majestad, gloria y la voluntad de Padre del reino. ¡El reino de Dios se quiere manifestar en nuestra vidas! Esta es la única forma de ver el cielo en nuestras vidas.
El reino de Dios, no es un reino de este mundo. Quiere decir que no está limitado por las limitaciones que limitan los reinos de este mundo. No es gobernado por lo que gobierna los reinos de este mundo. ¡ES UN REINO SOBRENATURAL! Al ser manifestado contamos con recursos que no están en este mundo: fuerzas, sabiduría, poder, riquezas, salud, sanidad, milagros, etc. Todo esto lo podemos manifestar del reino de Dios a nuestras vidas. ¡Cristo en nosotros es la esperanza de gloria!
Jesús se manifestó, aunque no de la forma que el mundo expectaba. Nosotros debemos de caminar en lo mismo y de esta forma ser competentes en una dimensión que el mundo no puede compararse. Cuando manifestamos el reino de Dios, o sea, Cristo, entendemos que estamos por encima de lo estandares mundanos.
Dios nos ha dado el gran privilegio de manifestar su reino desde el mundo invisible a nuestro mundo. Podemos generar los cambios, ver la salvación, transformación y voluntad de Dios para nosotros.
Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Mateo 6:9-10
¡Si Señor, venga tú reino, y que se haga tu voluntad!
Bendiciones
Miler Montoya
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